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Las bicicletas y los toros Imprimir E-Mail
Por Ximena Ganchala

Otra vez vienen las fiestas de Quito. Cada seis de diciembre, la ciudad entera, aún sin saber exactamente qué mismo es lo que festeja, se llena de colorido en una celebración que ya es tradicional: desfi les en las calles, discursos y sesiones solemnes, interminables jornadas de cuarenta con los amigos o la familia, festivales de comida típica, chivas, juegos pirotécnicos, bandas de pueblo y, por supuesto, toros.

Aun sin estar de acuerdo con todo lo que implican las corridas de toros, no ponemos en duda que se trata de una tradición que está arraigada en los quiteños y que es parte de la celebración de cada año. Sin embargo, otros modos de celebrar la ciudad empiezan a aparecer entre nosotros, y no por ser más nuevos, deben ser menos tomados en cuenta.

La ruta del Ciclopaseo que un domingo cada quince días se extiende a lo largo de 24 km de importantes calles de la ciudad y de la que disfrutan miles de quiteños, atraviesa la Plaza de Toros, siendo este uno de los atractivos del recorrido y enlace fundamental de la vía. Ya son dos años consecutivos que la coordinación general del Ciclopaseo se ve obligada a cerrar este paso y a desviar a los ciclistas para no “interrumpir” las corridas de toros. Por eso, no podemos dejar de preguntarnos qué es lo que entienden nuestras autoridades por “festejar a la ciudad”.

Quito es muchas cosas a la vez, es el lugar donde vivimos y aprendimos a ser ciudadanos, y por algo es Patrimonio Cultural de la Humanidad: cuna de grandes próceres y escenario de nobles luchas antiguas y recientes, urbe que se levanta entre enormes montañas y le otorga un paisaje único en el mundo, ciudad dueña de uno de los centros coloniales más atractivos de Latinoamérica.

El Ciclopaseo invita permanentemente a recorrerla y reconocerla, a sentirse orgulloso de ser parte de ella y a celebrarla mediante el respeto. De modo que el Ciclopaseo no interrumpe, por el contrario enlaza el norte y el sur, y acoge a todos sus ciudadanos sin ningún tipo de distinción.

A nuestro modo de ver, celebrar la ciudad significa honrarla mediante los pequeños detalles que le demuestran nuestro afecto: basta con dejar de contaminarla tirando basura en la calle, orinando en sus esquinas o sus parques; basta con no agredirla dejándola sucia y maloliente. Nos encanta la farra, la música, el baile igual que a todos, pero queremos nuestra ruta completa y sin interrupciones, igual que el resto del año. ¡No solo de los que disfrutan los toros es esta ciudad!

Edición No. 20 • Noviembre 2006
 
¿Cambiar la ruta? ¡No! Imprimir E-Mail
Por Diego Puente Corral

Hace varias semanas recibimos dos pedidos que sugerían cambiar la ruta del Ciclopaseo, esta vía que un domingo cada quince días convoca a miles de quiteños. La primera venía del dueño de una gasolinera en el sur de la ciudad que ve disminuir la afl uencia de carros cuando el Ciclopaseo pasa por la calle de su negocio. A simple vista, este señor podría tener mucha razón para hacer este pedido, ya que el Ciclopaseo hace que baje su clientela y con ello su capacidad de venta.

Sin embargo, creemos importante explicar por qué nos oponemos a esta sugerencia. Si modifi camos la ruta, el Ciclopaseo dejaría de pasar por el tradicional parque de La Magdalena, ícono histórico y cultural del sur de la ciudad, referente identitario y famoso por el mercado, por los motes, por la iglesia, por sus casas, por su gente y sus niños y niñas.

Cabe recordar que uno de los aspectos por los que el Ciclopaseo cobra vigencia en Quito es justamente el acercamiento que produce entre los ciudadanos y sus espacios públicos, más aún si se trata de un sitio tan simbólico como este parque. El segundo caso, al norte, se origina en la administración de un edifi cio ubicado en la Av. Amazonas, frente al parque La Carolina. Constatamos que los domingos la mayorparte de ofi cinas de este edifi cio mantenía sus puertas cerradas, incluyendo el local de lavado en seco de la entrada. Sin embargo, y a pesar que el Ciclopaseo revitaliza la zona, la administración de este edificio propuso el cambio de la ruta a otra calle.

Queremos resaltar que las primeras reuniones que mantuvimos con la policía, EMSAT, organizaciones de la sociedad civil y administraciones zonales para defi nir la ruta del Ciclopaseo estaban llenas de desacuerdos sobre por dónde deberíamos pasar con las bicis. Así que luego de mucho deliberar se optó por la idea de visibilizar las bicicletas y no esconderlas como antes sucedía. Y visibilizar signifi ca justamente pasar con las bicis por aquellos puntos de afl uencia masiva, para dar a los más vulnerables la oportunidad de ser tomados en cuenta, de ser vistos. No podemos aceptar las sugerencias de cambiar la ruta del Ciclopaseo porque sería poner los intereses privados por encima de los colectivos. Por eso, para tomar una decisión así, primero habría que preguntar a los cerca de 35 000 ciudadanos que cada quince días asisten a esta actividad si están de acuerdo con que se desvíe la ruta. A ninguno de ellos les preguntó nada el dueño de la gasolinera o el administrador del edifi cio.

Edición No. 19 octubre de 2005
 
La ciudad difusa Imprimir E-Mail
Por Ximena Ganchala

En la calle está todo lo que somos, es el inmenso escenario de la cotidianidad poblado de formas y personajes, dificultades y contradicciones, certezas e incertidumbres. Todos los días, en ese escenario, los hombres y las mujeres ponemos en práctica nuestras vidas, nos atrevemos a desafiar el tan mentado futuro, nos confundimos con la ira, la risa, la soberbia o la amabilidad de los demás. Y vamos formando parte de la imagen de la ciudad, de ese imaginario que se va creando alrededor nuestro sin que nos demos cuenta. Dentro o fuera de ella, lejos o cerca de ella, somos ciudadanos de esta ciudad, aún cuando cada vez la conozcamos menos debido a su acelerada expansión y a la falta de tiempo.

La ciudad difusa supone precisamente ese espacio inmenso, inabarcable e inconcebible. Cada vez son más grandes nuestras ciudades, se extienden hasta lugares insospechados y nosotros no podemos recorrerla ni vivirla toda, por eso vamos creando nuestros pequeños fragmentos de acción, nuestras “micrópolis” como dice García Canclini, uno de los intelectuales latinoamericanos mas reconocidos en el campo de la cultura. Nos instalamos en recorridos reiterados, nos tomamos un café en el mismo sitio de siempre, pisamos las mismas veredas, los mismos bares. La ciudad difusa parece ser esa que no conocemos más allá de lo que impone la exigencia de la rutina diaria.

Pero más allá de ese mundo que vamos creando para nosotros, más allá de esos fragmentos que la megaciudad nos obliga a crear porque en el día a día no podemos abarcarla toda, están los otros: las otras personas, los otros paisajes, las otras montañas, las otras plazas, las otras calles. Dentro de la metrópoli hay miles de “micrópolis” que otros también han creado con el uso, ciudades pequeñitas que no conocemos y que, sin embargo, son también parte la nuestra.

El Ciclopaseo sigue siendo un intento por unir esas “micrópolis” de todos a lo largo de la gran ruta de 24 km. Y en bicicleta aprendemos a conocer y respetar esos pequeños fragmentos de los demás sin que eso signifique que abandonemos los nuestros. En esta ciudad difusa, pero también concentrada y densa, el Ciclopaseo nos descubre ante los otros barrios y las otras caras  de Quito, y le devuelve al espacio público ese sentido de territorialidad tan necesario para sentirlo auténticamente cercano. Ya no da ganas de quedarse en casa mirando en la televisión los no-espacios que nos presenta porque tenemos un espacio real que no solo nos acoge en toda la extensión de la ciudad, sino que además la “desfragmenta” dos veces por mes, y nos permite llegar lejos, sin dejar de estar cerca.

Edición No. 18 septiembre de 2005
 
¡Al trabajo en bicicleta¡ Imprimir E-Mail
El jueves 22 de septiembre habrá un stand en una calle de la ciudad de Gi¬nebra, en Suiza, con información sobre el Ciclopaseo de Quito. La razón para que es¬ta actividad se difunda a miles de kilómetros de distancia de nuestro país es la semana Europea de la Movilidad que, desde el año 2002 se celebra cada septiembre en varias ciudades del mundo. El objetivo de estas jornadas es repensar nuestros hábitos coti¬dianos de movilidad y proponer soluciones a los problemas generados en las ciudades por el uso del automóvil particular.
Además, ese jueves 22 en muchas otras ciu¬dades se llevará a cabo como actividad central de la sema¬na de la movilidad la campaña Al trabajo sin mi coche. se trata de una propuesta a la que cientos de ciudades alrededor del mun¬do se han adherido bajo el lema "Un viaje in¬teligente de la casa al trabajo".
A la vista de las innumerables bondades y ex¬pectativas que generan los Ciclopaseos de Quito, proponemos a la ciudad y a sus habi¬tantes sumarnos a la semana de la movilidad y organizar un Ciclopaseo especial. La ruta será la misma de los domingos, el día esco¬gido: jueves 22 de septiembre, el tema: Al Trabajo en Bici, el horario: de 07h00 a 19h00 y los protagonistas: miles de ciudada¬nos y ciudadanas conscientes que, volunta¬riamente, quieran desplazarse a sus trabajos en bicicleta. Los ganadores serán el aire de la ciudad, los pulmones de los quiteños y las futuras generaciones, quienes nos agra¬decerán por construir las bases de un Quito más democrático y humano.
No hay que asustarse preocuparse, ni mucho menos enfadarse. El día sin carro será una oportunidad para que conciencemos sobre el uso excesivo de nuestros autos, los dejemos en el garaje y vayamos a trabajar o a estudiar en bici, a pie O en transporte público.
El Ciclopaseo ya es una demostración de que los quiteños están dispuestos a desempolvar sus ciclas o a adquirir nuevas para salir a pedalear esta urbe, ya que la bici no solo es recreación y deporte, también es transporte. Es más, nos atrevemos a decir que es el medio de movilización del futuro: "no humea, no atropella y no estorba a los peatones".
Además, ese día los comerciantes podrían crear promociones para las personas que lleguen a sus locales en bicicleta, al igual que las empresas reconocer o premiar a los emplea¬dos que opten por ir en bici a su trabajo, y los padres y madres también deberían organizar¬se para dejar o retirar a sus hijos en la escuela en grupo, etc.
Tal vez para muchas personas puede resultar difícil movilizarse de una manera distinta, pe¬ro.... un día al año no hace daño y, en cambio, a la ciudad le viene muy bien.

Edición No. 17 agosto de 2005
 
Recuperando la ciudad Imprimir E-Mail
Por Diego Puente Corral

“La mejor red de ciclovías debe ser aquella por donde circulan actualmente los vehículos: las calles”

Varios años nos ha tomado aprender a los quiteños que la ciudad es para todos. Que el espacio público tiene una función social importantísima en la vida urbana y que la movilidad es mucho más que el desplazamiento de personas o cosas de un lado a otro. Ventajosamente, autoridades y ciudadanos, nos encontramos compartiendo criterios y posibles soluciones a los problemas generados por la motorización excesiva de los quiteños.

El uso masivo de bicicletas, en contraste con el uso masivo de automóviles, cambia radicalmente la calidad de vida de la ciudad. Ahorro de espacio público, ahorro de emisiones tóxicas al ambiente, ahorro en pasajes, ahorro de recursos públicos de la ciudad, mejoramiento de la salud, mejoramiento de las relaciones sociales, mejoramiento de los tiempos de desplazamiento.

Por eso el Municipio de Quito, Corpaire, y Biciacción, nos encontramos empeñados en continuar el proceso que permitirá que la bicicleta sea integrada en igualdad de condiciones al sistema de transporte público. El proyecto “Reducción de los gases de efecto invernadero a través del transporte en bicicleta en Quito” comprende la mejora de algunos aspectos del transporte público y la integración de bicicletas al sistema de movilidad de la ciudad (intermodalidad), lo que incluye la construcción de infraestructura, la generación de leyes de incentivo al uso de las ciclas, así como campañas de respeto y aceptación. Pero también se ha pensado en facilidades de parqueo para bicicletas en las estaciones del Metrobus Q, en edificios públicos y privados o autorización para transportar bicis en ciertos buses, troles y ecobuses.

Sin embargo, hay algo más que nos gustaría puntualizar. Si bien es importante contar con una red de Ciclovías que permita que las personas se movilicen en bicicleta por toda la ciudad, creemos que los ciclistas no debemos ser reducidos a este solo espacio para circular. La idea de una ciudad para todos difunde el concepto de la convivencia en armonía y con respeto entre todos los que habitamos y recorremos a diario estas calles. Por eso, pensamos que es necesario generar una conciencia y un compromiso ciudadanos para hacer que los ciclistas podamos circular junto con el transporte motorizado bajo condiciones de cortesía y tolerancia y sin el peligro de ser atropellados. Solo así se podrá hablar del efecto positivo, múltiple, incluyente y sinérgico del uso de la bici en la ciudad.

Edición No. 16 julio 2005

 
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