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De derechos y obligaciones |
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Por Ximena Ganchala
A las 9 de la mañana salgo en mi bici al trabajo. Hago alrededor de 10 km entre el ruid o ensordecedor de las bocinas de los autos, el humo negro que escupen los buses, la velocidad impetuosa con la que pasan casi rozando mi cuerpo los miles de carros que circulan por Quito y el sonido amenazador de sus motores que en cada semáforo me empujan. A mitad de camino, una señora en un cuatro por cuatro nuevecito me pita desesperada, mientras yo intento conducir por el minúsculo y casi inexistente carril derecho que la ciudad de los motores ha dejado para los ciclistas. Me doy la vuelta, la miro y le hago una seña como preguntando “qué quiere, estoy yendo por mi lado, cuál es el problema”. Y ella me grita un insulto. Y sin poder entender el porqué de la agresión, no me queda otra que seguir mi camino.
Muchas veces los ciclistas somos acusados de imprudentes porque atravesamos la ciudad en medio de unas calles que no han sido hechas para nosotros. Irresponsables también nos llaman porque arriesgamos nuestras vidas al pedalear casi desamparados en medio del tráfi co. Pero lo cierto es que así como tenemos el mismo deber que los demás vehículos de respetar las normas de tránsito, también tenemos derechos.
Ante cualquier eventualidad en las vías, el ciclista debería ser siempre quien tiene la preferencia por ser más vulnerable que el que va en un carro, pero ni siquiera el derecho de preferencia del peatón se cumple. No es cierto que seamos irresponsables por adentrarnos en el tráfi co en plena hora pico o porque a veces tenemos que ir por la izquierda o “invadir” los carriles exclusivos del trole o la ecovía. El problema es que, a cambio, no existen derechos que nos den preferencia por circular en bicicleta en horas pico, lo cual ayuda a descongestionar y descontaminar.
Ahora que estamos en épocas de un nuevo Foro Social de las Américas, que se realiza en Venezuela, queremos pensar que “otra ciudad es posible”. Vale la pena recordar que una Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad se está gestando al interior de este evento. El derecho a la ciudad implica un cuestionamiento a las diversas formas de exclusión y discriminación espacial que imperan en nuestras urbes, una lucha por el desafío ante el que se encuentran las ciudades de hoy en día: dar cabida a todos, ya que en su esencia se halla la convivencia de hombres y mujeres libres e iguales, lo cual hace resurgir los verdaderos valores democráticos.
Edición No. 22 • Enero 2006
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