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Subí a la montaña y bajé de un shopping |
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Por Alexa Velasco
Como un “minidisneyworld en las faldas de Cruz Loma se pudiera calificar a esta nueva atracción turística de Quito. Con enorme curiosidad y novelería subí al tan publicitado Teleférico, imaginando encontrarme con unos cubículos móviles en medio del bosque que se levanta sobre las laderas de la montaña y así poder admirar la belleza de mi ciudad. Sin embargo, a lo largo del recorrido mi ilusión se fue desvaneciendo a medida que enormes vallas publicitarias iban invadiendo el zigzagueante adoquinado hasta los parqueaderos. Y frente a mí ya no se levantaba el bosque que antes solía admirar, sino un enorme complejo de locales comerciales y juegos que en ningún momento me dejaron olvidar los bemoles de la modernidad. Subiendo la montaña en ¡gradas eléctricas! llegué hasta el punto de ventas de las entradas, en donde una empleada de esta “empresa – concesión” me avisó que para el tan ansiado paseo tendría que esperar tres horas. Así que decidí acercarme al patio de comidas para hacer tiempo. En cada esquina algún letrero de las empresas auspiciantes señalaba que estaba muy cerca de las nubes, pero en realidad, fueron los precios de las comidas y del parque de diversiones lo que más cerca estuvo de ellas. Con pocas ganas de seguir esperando decidí emprender el retorno entre los enormes globos sobre los techos plateados de los galpones y el ruido propio de un parque de distracciones. Hace unos meses, unas cinco mil familias del barrio Armero, que habitan al lado norte de este complejo, denunciaron la expropiación de agua y de tierras comunales. Yo misma, en uno de mis paseos en bici, tomé la misma ruta que ahora conduce a los parqueaderos del Teleférico, y un guardia me detuvo explicándome que eso era propiedad privada. Y reflexioné un momento pensando que a otros quiteños, que solian ir por las montañas en bicicleta o trotando, les habra tocado hacer como yo, dar media vuelta y sentir que uno de los pocos reductos del bosque protector de Quito ha sido mutilado para dar paso al cemento.
Edición No. 16 julio 2005
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