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Las primeras bicicletas en Quito |
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Crónicas y recuerdos de sus primeros usuariosPor Judith Pérez y Alexandra García Las calles empedradas y empolvadas del Quito de antaño acogieron a las primeras bicicletas, protagonistas de fascinantes aventuras, que hoy nos son devueltas gracias a la memoria de sus primeros usuarios.La primera importación de 299 bicicletas fue primicia en 1903, y un cargamento de 3 000 bicis llegó en 1908. Una de las familias más antiguas dedicada a la reparación y venta de repuestos, es ahora uno de los talleres clásicos de la ciudad. En las calles Tarqui y 6 de Diciembre, Danilo Reyes nos cuenta sobre su abuelo, quien recibió el segundo cargamento de bicicletas que llegaron a las oficinas del Correo Nacional, que en ese entonces hacía las veces de aduana. Don Manuel Reyes, el bodeguero, al parecer se enamoró tanto de esta primera visión que fue uno de los pioneros en poner estos vehículos en manos de los quiteños. Ya sea parchando las llantas ponchadas que explotaban por el estado de las calles de aquellas épocas, o alquilando bicis durante los fines de semana, su labor ha permanecido hasta hoy.Es gracias a las fotografías del Quito antiguo que se ha podido registrar una presencia ciclística en la ciudad. Para 1921, en la avenida 18 de Septiembre, en lo que hoy es la avenida 10 de Agosto y Estrada, se encontraba uno de los más grandes talleres de alquiler y reparación de la ciudad.Lucho, Rosita y Víctor Hugo, tres jubilados que pasan sus mañanas en La Plaza Grande, remontándose a su niñez, recuerdan que la bici era sinónimo de diversión, una actividad de esparcimiento que estaba al alcance de todos con solo visitar estos talleres de alquiler, que se encontraban en su mayoría en los alrededores del parque El Ejido. En la década de los veinte, treinta y cuarenta la bicicleta aún era un artículo suntuoso, porque su acceso estaba restringido para los sectores adinerados de la sociedad. Sin embargo, los tres personajes afirman que ir a El Ejido era un modo de relacionarse con niños, niñas y jóvenes de toda la ciudad, y a partir de este punto se podía recorrer otros sectores de la capital, pero generalmente el tramo era muy difícil, pues había que sortear las calles polvorientas o lodosas y con cientos de baches.El doctor Jorge Salvador Lara, guardián del Archivo Histórico Municipal, cuenta que a principios de los años treinta, el parque El Ejido permitía el acceso de automóviles, hasta que un día afortunado solo se permitió el acceso de bicicletas. Estos ciclistas pedaleaban por las callejuelas coloniales, que se extendían hasta lo que hoy es la avenida Colón, utilizando sus mejores galas que consistían en trajes de tres piezas, sombrero y zapatos bien lustrados.Además, a riesgo de sufrir pinchazos o accidentes, los servicios que requerían de mayor premura, como el correo y los telegramas, utilizaban la bici para repartir la correspondencia. La ciudad pequeña y empinada de ese entonces lo permitía. La gran ciudad de hoy, poco a poco, parece verlo hacerse realidad nuevamente.El Ñato Recalde, pionero de los caballitos de acero
Unos de los viejos cronistas de las aventuras en bici fue José Luis Recalde, más conocido como el Ñato Recalde, quien en 1920 y contando con 17 años, emprendió una férrea amistad con los caballitos de acero.Marcelo Recalde recuerda que su padre obtuvo su primera bici, a decir de él bastante rudimentaria, al canjearla con un comerciante por varios zapatos del pequeño y céntrico almacén de su abuelo. El amor del Ñato por los pedales se inició en ese momento y desde entonces se lo veía recorrer junto a varios de sus amigos las empinadas lomas de San Juan y El Panecillo, o aventurarse a los potreros de la actual avenida Colón. Ya en 1924, obtuvo una bicicleta profesional marca Raleigh importada desde Inglaterra y adquirida en una agencia de ciclismo llamada Carlos Sánchez Redín que, según los recuerdos del Ñato, estaba ubicada cerca de La Alameda cuando fue recién inaugurada.Su entrenamiento por las calles y recovecos de la capital le dieron a Quito la medalla de oro en los primeros Juegos Olímpicos del Ecuador, al ganar la carrera de 50 km Riobamba-Licto-Riobamba, representando a la provincia de Pichincha. Desde esos tiempos las bicis buscan regresar a las calles, lugar para las que fueron inventadas. Un medio de transporte que ofrece momentos de diversión, recreación y movilización, además de acercar a la gente a la ciudad y al deporte.Edición No. 16 julio 2005
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Septiembre 2008 |
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