Por Ximena Ganchala A las ocho de la mañana en la estación norte o sur del trole se amontonan cientos de personas para dirigirse a sus destinos. Apiñados, aplastados, enfadados y a veces hasta humillados asistimos a uno de los espectáculos más desagradables de la movilidad urbana: viajar en transporte público masivo. “¿Sabes por qué le dicen chaman al trole?”, escuché a un usuario, “porque te pasan el huevo y luego te hacen la limpia”.La intermodalidad del transporte es una alternativa que se lleva a cabo con éxito en algunas ciudades de otros países. En Buenos Aires, el sistema de trenes que conecta el cono urbano con la periferia permite que lleves tu bici dentro del vagón como una opción para moverte en el centro. Otro tipo de combinaciones podrían darse en Quito si la unidad administradora del sistema trolebús ideara formas mediante las que los usuarios pudiéramos dejar seguras nuestras bicis en las estaciones norte y sur. Es cierto, la bicicleta es una alternativa, pero hay que darle opciones para que no sea solamente recreación y deporte, sino un medio de transporte útil. Aunque todavía no estemos listos, hay que empezar a pensar en otras iniciativas que te permitirían bajar del trole, ¡y que te hagan la limpia en otra ocasión!
Edicion No. 15 junio 2005
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