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Defensoría para el espacio público |
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Por Alexa Velasco
El espacio público es el medio por excelencia en el que se sustenta la experiencia individual y colectiva de la gente y su formación cívica. En ese espacio se materializan los sentimientos de pertenencia, identidad, participación y solidaridad. Nuestro espacio público en la actualidad ha sido entregado en su mayor parte a los automotores. La industria del petróleo, de la fabricación de autos, la masificación de estos y la fascinación que causan en el común de la gente, así como la construcción de una telaraña de autopistas, ha ido arrinconando el espacio público y degradando las funciones básicas que cumplían nuestros pueblos en el pasado.
Por eso, y a propósito de la elección del nuevo defensor del pueblo, y en el marco de esta nueva forma de participación ciudadana que se ha abierto con la caída del anterior gobierno y con la conformación de asambleas en varios barrios de la capital, es necesario que los quiteños propongamos la apertura de una Defensoría del Espacio Público.
La misión de la Defensoría del Pueblo es defender, en el ámbito de su competencia, la observancia y vigencia de los derechos humanos individuales y colectivos por parte del Estado y de las entidades privadas obligadas a ello y, entre otras cosas, defender el medio ambiente. La inclusión de una Defensoría del Espacio público como parte de la Defensoría del Pueblo podría ser la forma de empezar a recuperar nuestro derecho a un espacio donde los habitantes de la ciudad en general puedan interactuar entre sí y con su entorno, sentirse parte de él y así quererlo y respetarlo.
La defensoría puede ayudar a canalizar los esfuerzos de algunas organizaciones barriales y sociales por ganar y mejorar su participación en la planificación territorial de la ciudad, y que exija a las autoridades seccionales la aplicación de ordenanzas que sancionen a aquellos que violan o se apropian del espacio público.
Hechos como los del Batán Alto en el que sus moradores evitaron que un parque se convirtiera en un parqueadero para los autos de los feligreses que iban a misa los domingos, son ejemplos que demuestran la posibilidad de cambiar las cosas.
Quizás la presencia de una defensoría del espacio público permita visibilizar y detener casos de apropiación del espacio público para otros fines que no les corresponden. Una ciudad sin idea y conciencia de éste no es una ciudad que se recuerde ni que se tome como referencia. Porque lo que le da calidad a una ciudad es antes que nada su espacio público.
Edicion No. 15 junio 2005
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