Por: Diego Puente
En una investigación antropológica que realiza¬mos hace cinco años preguntamos: ¿a qué huele Quito? Casi el 80 % de los encuestados respondie¬ron categóricamente que olía a smog. Los impac¬tos de la superpoblación de automotores en la urbe superan cualquier expectativa y sus emisio¬nes de gases son el principal problema de conta¬minación. Por esta causa se ha implantado en Quito, desde hace varios años, la revisión técni¬ca vehicular obligatoria: un intento por sensibili¬zar (a quienes son sensibles) y obligar (a quienes no lo son) a mantener sus vehículos en buen es¬tado. Esto contribuye a reducir los tóxicos que se escupen al aire y disminuye los riesgos de acci¬dentes. A pesar de esto, los practicantes de la in¬faltable viveza criolla matriculan sus carros en las ciudades vecinas a Quito para evadir la revi¬sión. Desde Ambato hasta (barra los índices de matriculación se han incrementado considera¬blemente. "Cuando te bajas del avión al llegar a Quito, hueles igual que cuando llegas a México D. F.”, nos dijo alguna vez una amigo. ¿Acaso queremos llegar al punto de tener el mismo aire que una de las ciudades mas contaminadas de Latinoamérica y que nuestros hijos crezcan percibiendo el smog como el olor típico de su ciudad?
Edición No. 14 - Mayo 2005
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