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Por Ximena Ganchala Ríos
El espacio en las ciudades es para usarlo y para okuparlo porque es de todos. El movimiento okupa ha desarrollado interesantes conceptos sobre los espacios públicos y privados, a pesar de haber sido estigmatizado y violentado. Nacidos en la Europa Occidental, los okupas han sido perseguidos desde sus inicios y señalados de anticiudadanos, piratas, anarquistas, enemigo público, mafiosos, fascistas y ¡hasta forajidos! Si bien hay quienes tildan sus reclamos como una pose juvenil, una moda, su demanda no está apartada de la necesidad de una ciudad incluyente, equitativa y humana.
Aunque lo primero que imaginamos al hablar de okupación es la toma de casas abandonadas o la invasión a la propiedad privada, el tema de la vivienda ha sido más que una finalidad, un medio para reclamar espacios colectivos de convivencia y participación. Los famosos okupas europeos y de otras partes del mundo no son simples nómadas en busca de viviendas vacías, sino que promueven la idea de la reconstrucción de los lazos sociales que dan vida e identidad a los barrios. Recuperan y reivindican esos espacios físicos para la autogestión de actividades populares, culturales y artísticas. Si hablan de romper las cadenas de la globalización, no es sino para crear redes sociales a través de las cuales han logrado rescatar espacios inservibles y transformarlos en lugares de reunión, intercambio, creatividad y tolerancia entre vecinos.
Como ocurre en el Ciclopaseo, en donde los ciudadanos se reúnen en las calles transformándolas en auténticos puntos de encuentro, la okupación apunta a la reapropiación de los espacios públicos porque son necesarios para la comunicación y la socialización y hacen crecer los sentimientos de pertenencia y solidaridad.
Hace algunos años, cuando entrevistaba a un importante profesional sobre la factibilidad de las ciclovías en Quito, me respondió con toda la seguridad del mundo que la bici no era más que una moda de los jóvenes y que, como toda moda, ya pasaría. Yo no sabía cómo explicarle que no éramos rebeldes en busca de alguna causa perdida, pero ahora que se destinan las principales vías de la ciudad por dos domingos al mes al uso de las bicis, puedo afirmar con mucha seguridad que no es una moda. Tampoco lo ha sido la lucha por una vivienda digna ni por un espacio donde reunirse y compartir, ni el cuestionamiento a los valores de un sistema que cada vez más nos apabulla con sus hermosos autos último modelo que congestionan las calles y ocupan (con “c”) más espacio que la gente.
El movimiento okupa, entre sus estrategias de lucha no convencionales plantea desobediencia civil, la misma que no nos es extraña en tiempos de forajidos. Cuando se intenta hacer pasar nuestros reclamos por simples actos vandálicos, desobedientes, transgresores y hasta triviales, los ciudadanos responden con la creatividad y el entusiasmo de quienes se saben con el derecho y la responsabilidad de salir a las calles a okupar el espacio público, el espacio propio, para ejercer la democracia que, al igual que la ciudad, es de todos.
Más sobre okupación en: www.punksunidos.com.ar
Edición No. 14 - Mayo 2005
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