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Por Ximena Ganchala
¿Quién les habrá dicho a los dueños de los locales comerciales de la Plaza Foch que ese espacio público les pertenece y pueden ‘gerenciarlo’? Lo que seguramente no saben es que los espacios públicos en las ciudades tienen ese nombre precisamente porque son de carácter colectivo, universal, o sea, de todos. La privatización de los espacios que pertenecen a la gente es un mal que aqueja a las ciudades modernas y no hace más que generar situaciones de exclusión muy perjudiciales para el mejor desarrollo de la democracia.
El pasado viernes 22 de septiembre se llevó a cabo la cicletada urbana más numerosa, vistosa y alegre que haya visto la capital ecuatoriana. El Viernes de Pedales es más que una protesta, una celebración al uso urbano de las bicis. Pero además, esta actividad es una convocatoria ciudadana a los distintos públicos que conforman Quito, un llamado al respeto por los ciclistas urbanos y un modo de visibilizar el grave problema de congestión y contaminación que estamos viviendo en la actualidad.
Ese día, al final de la cicletada, se organizó un concierto en la Plaza Foch, que contaba con todos los permisos exigidos por la Ley y en el cual participaron algunas bandas de música de la capital. Los organizadores fuimos testigos del acto de irrespeto de los ‘dueños’ de la plaza de ‘todos’, quienes cortaron la luz, desencadenando molestias en los presentes que empezaron a enfurecerse.
Fueron esos mismos jóvenes músicos que, un poco antes habían sido tachados arbitrariamente de borrachos y drogadictos, quienes pidieron calma a la gente que con justa razón veía invadido su derecho a la calle. Mientras tanto, los ‘dueños’ de la plaza aducían tener una supuesta ‘gerencia’ de la misma. ¿Qué significa todo eso? ¿Que la empresa privada tiene derecho de decidir qué se hace o no en los espacios que han sido rehabilitados por la administración pública para el disfrute de los ciudadanos? La verdad es que no entendemos nada y nos gustaría que nos explicaran mejor qué es lo que pasa al respecto del manejo de los sitios públicos.
No estamos cansados de repetir que la ciudad es de todos, y en este caso, no solo de los que tienen dinero para sentarse en las mesas de los bares de la Plaza Foch. El espacio público es sagrado porque es de todos, no de unos pocos. Es necesario que la administración municipal ayude a defender esto que sin duda es colectivo: nuestras calles, nuestros parques y plazas, nuestros lugares de encuentro público tan necesarios para el desarrollo de la ciudadanía y la democracia.
Edición No. 31 - Octubre 2006
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