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Señor, ¿puso el taxímetro? |
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Por Santiago Aguirre
Algunos ni siquiera lo tienen, otros lo llevan apagado –que está dañado, dicen- y cuando lo usan, solo falta que lo instalen dentro de la guantera o que le pongan cortinas. Sí, estoy hablando de los taxímetros, ese aparatito que mide los kilómetros recorridos en un taxi y determina la tarifa final a pagar por el usuario.
Es una cuestión de cultura, una cultura de desgraciadamente sinvergüenza y mojigata que cultiva y promueve la falta de honradez, el irrespeto, al sapería, como decimos vulgarmente. Ahí está la respuesta a por qué sentimos cierta sensación de desconfianza hacia los taxistas. A los usuarios nos toca estirar el cuello o agachar la cabeza para buscar los números rojos de taxímetro por debajo de las franelas usadas o por detrás del freno de mano.
¿Por qué colocarlo tan abajo? ¿Escondido? ¿Casi cubierto por la palanca de cambios, pese a que la ley obliga a situarlo en lugar visible? Y, ¿por qué muchas veces es necesario discutir con el taxista para que encienda su taxímetro en la noche o en la madrugada? En otros países, las taxis los llevan arriba, por debajo del espejo, es decir, a la vista del pasajero, y lo encienden a cualquier hora del día.
Hay que exigir este cambio de actitud: que se prende el taxímetro siempre, a toda hora, y que se lo coloque en un lugar en donde no haya chance a equivocaciones o malos entendidos.
Edición No. 11 - Febrero 2005
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