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La Celebración del florecimiento, el retorno y el reencuentro
Cultura y deporte carnaval de Peguche – Otavalo.
Por Alexa Velasco
La fiesta del Carnaval coincide con la época en que las plantas florecen y los campos reverdecen. Según la cosmovisión andina, los pueblos de Los Andes celebran cuatro fiestas anuales basadas en la posición del Inti Tayta (sol) y ciclo agrícola del maíz. El Pawkar Raymi es una de ellas, es la fiesta de agradecimiento por el florecimiento del maíz o la época de la Sisa Pacha.
Peguche, pueblo ubicado a 10 km de Otavalo, es una de las comunidades en donde se celebra esta fiesta y toma lugar el Pawkar Raymi-Peguche Tio, una fiesta deportivo cultural organizada por los kichwa-otavalos del 3 al 13 de febrero.
Hace once años, Peguche recoge y revitaliza,a través del deporte, las vivencias culturales propias. Los campeonatos de fútbol y básquet entre comunidades indígenas de la región son los de más convocatoria tanto para locales como para foráneos. Sin embargo, hace cinco años un pegucheño, ciclista de corazón, propuso junto a otros personajes de la comunidad la inclusión del ciclismo dentro de la agenda deportiva y cultural del Pawkar Raymi. A Marcos Lema le resultó difícil impulsar un campeonato de ciclismo en la comunidad porque no hay una cultura del uso de bicicleta. Al igual que muchos indígenas de la zona, él emigró a Europa hace muchos años y es en Holanda donde este artefacto de dos ruedas se convirtió en su pasión. “La bicicleta me enseñó la sensibilidad de la tierra y la pureza del espíritu y del cuerpo. Para mí se convirtió en una forma de vivir”.
Según Marcos, es la primera vez que se hace en el país un campeonato de ciclismo de montaña continuo con un prólogo y cuatro días seguidos de competencia. Pero, ni la exigencia de las pruebas ni la dificultad de las rutas escogidos impidieron que haya una participación masiva de deportistas locales y foráneos. Así nos cuenta Marcelo Maldonado, un ciclista que vino desde Quito con otros amigos para competir en la prueba de resistencia de seis horas por equipos, en la vuelta al Taita Imbabura de 60 km y en la de cross country por la cascada de Peguche. “Es el primer año que vengo acá y realmente es una experiencia fascinante”.
Pero más allá de las actividades deportivas, el Pawkar Raymi es un homenaje a la comunidad. Ramiro Velasco, profesor universitario en Otavalo y experto en cosmovisión andina, explica que este Raymi, suyos elementos básicos son el agua y las flores, está dedicado a la fertilidad y el renacimiento. Por eso, uno de los objetivos de esta celebración en Peguche ha sido promover la participación femenina indígena en los distintos eventos culturales y deportivos realizando la elección de las Ñustas (reinas). En este año, la Pawkar Ñusta es Sumac Bastidas, una joven 24 años proveniente del pueblo Puruhá de la provincia Chimborazo. Ella estudia ingeniería en gestión turística y medio ambiente en la UTE y nos explica que el equilibrio de la fusión entre la cultura occidental y la indígena se ha dado paulatinamente y que una de sus manifestaciones ha sido la práctica de deportes occidentales por parte de los jóvenes indígenas. “Tenemos que aceptar y respetar la cultura occidental sin dejar de amar nuestras raíces indígenas”.
La jornada termina, pero en Peguche la fiesta no acaba y el reencuentro de los familiares emigrantes, de los amigos que vienen de Europa o de EE.UU. se funde con esa naturaleza mágica a los pies del Taita Imbabura y la Mama Cotacachi, que nos invitaron a disfrutar un momento ameno con los “panas” de la llacta y a reencontrarnos con nosotros mismos.
El trofeo se queda en casa
La mayoría de ciclistas provenían de Pichincha e Imbabura, pero esta vez el trofeo se quedó con los anfitriones. Los ganadores de la prueba de resistencia por equipos y la vuelta al Imbabura fueron Pachakutik Lema y Santiago Padilla, de 17 y 20 años respectivamente, que ratificaron una presencia indígena cada vez mayor en el deporte profesional del país. Pachakutik hace ciclismo desde tres años, entrena todos los días montaña y ruta. Santiago Padilla tiene 20 años, practica ciclismo desde los 15 y ha hecho tres veces la vuelta al Ecuador. “La bicicleta es un amigo más porque lleva por diferentes caminos y conocemos mucho”.
Edición No. 11 - Febrero 2005
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