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Por Mariuxi Rodríguez
Fuente: http://jordicots.netfilms.com/rutaq.htm
En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, Jordi Cots se embarcó en una aventura que combinaba el pedal y la literatura para revivir la ruta en que se desarrolla una de las historias más grandes de todos los tiempos. Solo que en este caso, fue dibujando otra para que, quienes quieran seguirlo, lleguen en bici a los lugares donde pueden probar los vinos más deliciosos, ver los pasajes más bellos y hospedarse en los lugares más cómodas de La Mancha.
“Bicicleta y lectura recorren dos rutas distintas, una por la geografía física de La Mancha, y la otra por la geografía de la imaginación”.
Al igual que el protagonista del libro este aventurero catalán de 47 años, se enfrascó tanto en su lectura que pasaba las noches leyendo y los días pedaleando de pueblo en pueblo. Mientras el Quijote, del poco dormir y del mucho leer, vino a perder el juicio, nuestro protagonista comenzó a entender a Cervantes al recorrer los lugares relacionados con el libro, más que físicamente, en una conexión de tiempo y espacio.
A pesar de encontrarse con cuestas que la hacían perder el ritmo rápido que llevaba, al final era verdad que todo esfuerzo tiene su recompensa, ya que terminaba descubriendo “treinta, o poco más, desaforados gigantes”, bajo la sombra de los cuales se arrimaba, comía un pedazo de queso y pintaba una acuarela de esos molinos.
Jorni nos ofrece su aventura en siete páginas de la web con imágenes de la ruta, además de su percepción de La Mancha comparada con la del “ingenioso hidalgo” y un diario de viaje que nos hace reconocer que, del mismo modo que reservamos un tiempo, una vez al año, en vacaciones, para hacer turismo y visitar espacios desconocidos, también podemos reservar un tiempo para “visitar” un libro.
También soy ciclista urbano
“Debiera haber carriles bici en todas partes, y debiéramos poder subirlas en el transporte público. Yo la utilizo desde hace cinco años, 17 km entre ir y volver. Debido a mi profesión -soy auditor informático- tengo que ir vestido con traje y corbata. ¿Cómo la hago? Pues dejo en la oficina, en manera permanente, un traje, una corbata y unos zapatos. Yo pedaleo en ropa de deporte, me limpio con algo de agua –no tenemos ducha-, me pongo un poco de desodorante, luego la camisa limpia y el traje y ¡en cinco minutos estoy totalmente presentable! Al acabar la jornada, vuelvo a dejar el traje y solo me llevo la camisa a casa”.
Triple Dobleve
Edición No. 11 - Febrero 2005
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