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La Contaminación espiritual Imprimir E-Mail

Por Ximena Ganchala

Mientras la sangre constituye el principio interno que regula la vida, el aire lo es en sentido externo. El aire es fuente de vida, pero puede propiciar también la muerte o las enfermedades porque, al constituirse como elemento primordial para la supervivencia, es motivo de peligro si sus características físicas se ven corrompidas. El aire es elemento de vida y puede alterarla cuando se ve perturbado. Transgredir el aire significa transgredir la vida misma.

El aire es un fluido que experimentamos constantemente, si este se contamina, nuestra integridad física y psíquica también. Cuando una persona se enferma, su carácter se altera debido a los malestares y las molestias. Con contaminación espiritual nos referimos a esa especie de alteración del carácter en las personas, cuando su salud se ve que brandada a causa de las molestias de la contaminación del aire, pero además a causa de la presión de la vida cotidiana, a causa de ese aire de insatisfacción que percibimos y que afecta nuestros sentidos todo los días.

La antropóloga Cristina Larrea expone estas ideas en su libro, La Cultura de los Olores, y dice que cuando el aire se vuelve perjudicial puede no solamente fomentar la enfermedad, sino alterar los humores. De modo que la idea de la contaminación espiritual encuentra sentido en al importancia de la dimensión sensorial. No es solamente que el buen olor y el mal olor determinan el ámbito doméstico y el público, el real y el abstracto, sino que además nos ponen de buen o mal humor, nos dan bienestar o nos causan incomodidad. La contaminación espiritual es, por un lado, ese humo de las industrias y los automotores (o el ruido de los mismos) que afecta nuestra tranquilidad y provoca nerviosismo o agresividad.

Pero también existe otro tipo de contaminación que está en el aire y que se relaciona con esa dimensión sensorial y con un sentido metafórico de la realidad. Es ese tipo de contaminación que se remite más bien a aquel ambiente que diariamente aqueja a nuestras ciudades y es el resultado de muchas situaciones de violencia así como causa de otras.

De modo que si la ciudad se contamina, las personas se contaminan también; y si las personas se contaminan, se vuelven a su vez corruptoras del espacio colectivo y el ambiente de respeto que debe predominar. Una ciudad muy contaminada no es solamente aquella cuyo aire está fuertemente descompuesto, sino también esa en la que las formas de relación ponen de manifiesto los antivalores ciudadanos que, obviamente, nos contaminan. Cuando nos enfermamos porque nos ataca un virus, debemos acudir al médico para que nos procure un alivio. La contaminación espiritual es también una especie de enfermedad que debemos aliviar a través de una cura del aire que respiramos todos los días, tanto aquel que ingresa físicamente a nuestro organismo, como ese que se contagia por medio de los humores, en el trato con los demás en un espacio común.

Edición No. 10 - Enero 2005

 

Comentarios
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jorge luis  - eres mi contaminacion   |2008-05-07 21:47:47
tu contaminas mi espiritu ayuda a que se libere
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