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Por Santiago Aguirre
¡Gancho!, ¡gancho, en el circo!
¡Vengan!, admiren al ciclista equilibrista jugándose la vida entre los agresivos automóviles pedaleando sobre un bordillo de apenas 10 cm.
¡Observen!, sorpréndanse con los ciclistas arriesgando sus huesos en este gran circo llamado ciudad. Además del reducido espacio para circular, los intrépidos pilotos deberán sortear una serie de hostilidades dignas de todo buen acróbata como insultos e incluso amenazas de balas de los poco amigables guardias privados de la Ecovía y, por si eso fuera poco, los buses articulados manejados por intolerantes chóferes buscarán embestirlos para sacarles del camino sin posibilidad de diálogo.
¿Qué pasará con estos valientes conductores?
¿Qué tácticas aplicarán ante las fieras al volante?
La Ecovía no es una ciclovía, sin embargo, algunos ciclistas, a falta de alternativas, la utilizan para transportarse y son frecuentemente maltratados por los guardias y conductores de la misma.
Al parecer, a los ciclistas nos tocará aprender trucos en un circo para ser intrépidos equilibristas en una ciudad que, sin negar ciertos avances, todavía, tanto en la conducta de la sociedad como en las políticas municipales de transporte no se fortalece la seguridad ni el respeto a la circulación de otros vehículos alternativos.
Edición No. 9 - Diciembre 2004
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