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Por Marco Dávila Alarcón
Miembro de la campaña “Vivamos la Fiesta en Paz”
No todo está perdido en el Ecuador. Estos últimos años, con mucho agrado y complacencia, hemos visto cómo los jóvenes del país se organizan y son protagonistas de innumerables iniciativas de participación ciudadana; ejemplos importantes son el Ciclopaseo y el proyecto Vivamos la Fiesta en Paz.
Se trata de iniciativas simples, sin complicaciones, como son los jóvenes, pero con un alcance y una aceptación que las han convertido en verdaderos ejemplos de trabajo por nuestra ciudad. Los chicos han pasado de ser "el problema" a ser la salida, la solución.
Con el paso de los años, la sociedad ecuatoriana ha ido asumiendo ciertos comportamientos como si se tratara de algo natural: ver caminar un borracho por las calles, fumar en espacios cerrados, botar basura en la ciudad. Pero, ¿es normal? Sin duda no lo es; aunque de tan repetido ya no nos parece irregular; nuestros niños lo asumen como un comportamiento permitido, lo aprenden y lo repiten. Los adultos sentamos las bases del comportamiento de los más jóvenes; si ingerimos alcohol o fumamos difícilmente podamos convencerlos de que no lo hagan.
El mes de diciembre se vuelve particularmente crítico para nuestra ciudad, es el mes de mayor índice de accidentes de tránsito, de muertes violentas, de embarazos no deseados, cuando debería ser un mes de reflexión, de felicidad, de alegría, de encuentro con la familia, con los amigos, con Dios. Después de la fiesta regresamos al curso habitual de la cotidianidad aunque, para muchos, no vuelve a ser igual. ¿Por qué la fiesta tiene que convertirse en tragedia, en lamentación, en pérdida? Todos los años después del 6 de Diciembre, los medios de comunicación tiñen sus espacios noticiosos con el número de heridos y muertos que arroja la fiesta. El excesivo consumo de alcohol allana el camino para accidentes de tránsito, actitudes violentas y abusos al otro.
Edición No. 8 - Noviembre 2004
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