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Norman Wray
"Recoge tus cosas y largo de aquí" cantaban Charly y Nito Mestre, a fines de los setenta. Si a eso sumamos el título de este artículo, los ingredientes están listos para explicar que mismo es esto de la "Ruptura de los 25". Cinco veces cinco años han pasado desde que el Ecuador se reencontró con la democracia, y por ahí siguen rondando rostros, personajes y sobre todo prácticas incluso de antes de la última dictadura. Para algunos entendidos el Velasquismo aun marca la forma como se hace política en el Ecuador: populismo, exclusión, clientela, jerarquías, oligarquía y una eterna inspiración en "el pueblo y por el pueblo", para justificar cualquier barbaridad. Por lo tanto ya no son veinte y cinco años sino que son treinta, cuarenta y hasta sesenta años, de prácticas recurrentes al estilo de "El Padrino". Obra que por cierto es el mejor manual de política para el ecuatoriano interesado en "mojarse el poncho".
La Ruptura de los 25 no se cree dueña de la verdad ni intenta salvar al país. Pensar, provocar, proponer son los objetivos. La Ruptura no cree que ser joven trae consigo valores fundamentales sobre lo que es bueno o malo. La Ruptura está convencida que las prácticas políticas mafiosas tradicionales impiden construir una institucionalidad democrática que efectivamente nos represente y que éstas no son patrimonio de la edad. Para generar reflexión y debate al respecto el 12 de septiembre nos tomamos el Centro de Quito para preguntar: ¿quién jodió al país? y ¿tú que harías por cambiar al Ecuador?.
Miles de personas respondieron a estas preguntas con su opinión consignada en una papeleta, discutieron en las calles y en los foros, entre otras cosas, reaccionando ante las imágenes que colgadas en andamios nos recordaban los últimos 25 años de la política en el Ecuador. Al final podemos decir, de lo expresado por la gente en el debate, que todos cargamos con una parte de la culpa por lo que pasa. Unos, por haber ejercido el poder como si fuera un feudo, y otros por no hacer nada para impedirlo. Por eso a los primeros les decimos, comedidamente, que se vayan. Y a los segundos: ¿que harían por cambiar al Ecuador?.
Edición No. 6 - Septiembre 2004
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