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La movilidad como proyecto humano Imprimir E-Mail

Por Fabio Arévalo Rosero MD*

“El espacio público es tan importante que no se puede dejar solo en manos de ingenieros y arqui-tectos” fue una cita de Antanas Mockus, ex – al-calde de Bogotá, haciendo referencia al compro-miso integral, pedagógico y humano que se debe tener en cuenta en el desarrollo urbano. Las direcciones de transporte como fueron concebidas en el Siglo XX ya cumplieron su ciclo. Tuvieron una primordial función en la administración del tráfi-co vehicular y su poderoso parque. Este modelo sesgado ha contribuido en buena parte a la derrota de la organización urbana en América Latina.

El colapso del espacio público es evidente con una cuota de desorden, indisciplina y anarquía, lo cual indirectamente ha generado hechos de violencia, pobreza y un alto índice de acciden-talidad. En algunas ciudades como Bogotá se han alcanzado logros sustanciales con un proceso pedagógico de cultura ciudadana basada en el respeto y la tolerancia. Hoy ya se habla de movilidad con seriedad, concepto que no puede hacer re-ferencia solo a vehículos de motor. El centro de atención es la persona, en quien deben enfocarse los mejores esfuerzos, particularmente para controlar el uso irracional del carro.

La movilidad en su concepción moderna y humana tiene al menos cinco grandes desafíos:
1. Facilitar el desplazamiento y transporte de las personas en el contexto urbano.
2. Promover un entorno armónico para el disfrute ciudadano del espacio público.
3. Proveer las condiciones racionales para un sistema multimodal de transporte.
4. Estimular una mayor dinámica humana a través de un diseño urbano anatómico.
5. Optimizar las condiciones de seguridad para proteger a los ciudadanos en las vías públicas.

Si nos atenemos a los objetivos legítimos de la movilidad urbana, la prioridad es la educación ciudadana en una sociedad con aporte colectivo. Todo está controlado por personas, incluyendo los carros. Para que los sistemas de movilidad urbana mejoren y no atenten contra el ambiente se deben generar acciones persuasivas y argumentadas para que asumamos nuestra cuota de responsabi-lidad. El Estado debe tener un enfoque distinto de los programas de movilidad, no bajo la premisa del control y organización de autos, sino de mejorar las condiciones de convivencia bajo acuerdos de regulación y autorregulación.  La movilidad es con personas y el corazón es el peatón.

*Consultor Ecoplan International, Protocolo de Kyoto.

Edición No. 34 - Febrero 2007

 
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