Por Shura Rosero
Coordinador Viernes de Pedales
Egresado Facultad de Bellas Artes
Universidad Central del Ecuador
El derecho al movimiento es un derecho ciudadano y democrático. Si se restringe este derecho se afectan múltiples factores, uno de ellos es la identidad. Cuando nuestro cuerpo recorre un espacio no sólo se desplaza funcionalmente, sino también construye reconocimiento y relaciones con sus conciudadanos, las cuales permiten establecer un contacto con la realidad. Frente a esto, algunas máquinas nos aíslan de esta relación directa con el medio. Los juegos de video, por ejemplo, establecen una relación virtual entre el espectador y un escenario, su reconocimiento se establece en el sentido de la imitación. El usuario de este modo crea una nueva relación con su entorno. Similares características ocurren con los vehículos a motor. El escenario del conductor se ve filtrado por la estructura del vehículo. El chasis y el cristal lo envuelven en una suerte de filtro donde la velocidad y el espacio circundante son solamente un paisaje a ser atravesado, un escenario virtual de obstáculos y metas para ganar a los demás. Tanto los juegos de video con su escenario virtual como los vehículos forman parte de una bien elaborada ideología que nace en los albores del siglo 19 con el capitalismo.
La necesidad de desplazamiento a mayor velocidad y con mayor eficiencia requiere establecer rutas bien definidas para la mano de obra, del televisor al juego de video, de la casa al auto y del auto a la fábrica. Este es un sistema de control de los espacios y de las identidades que solamente pueden ser posibles bajo estos escenarios. Sin embargo, los sistemas alternativos promueven un acercamiento más humano con el medio. La bicicleta fácilmente podría recuperar su espacio perdido frente al auto en la medida en que hoy por hoy se constituye en el medio más eficiente en las ciudades pequeñas y medianas, construye contacto físico y motriz con el medio y ocupa menos espacio. No es un cubículo de aislamiento, está abierto a procesos de socialización comunitaria y democratiza las relaciones humanas partiendo de una movilidad sustentable. La virtualidad que nace de la desconexión entre la velocidad, el espacio y el cuerpo se ve desplazada al utilizar la propia energía motriz como generadora autónoma de movimiento. |