|
“No nos queda más que bajar y empezar a correr”
Oswaldo Jácome, 44 años, guardia de seguridad.

El problema del Trébol ha complejizado aún más los problemas de movilidad en el Centro y Sur de la ciudad. Para Oswaldo que vive en el Puente 1 camino al Valle de los Chillos, así como para cientos de quiteños que usaban diariamente este paso, es aún más evidente. “Mi rutina antes era despertar a las 5:30 para llegar a las 6:30 a mi lugar de trabajo. Ahora, debo levantarme a las 5:00 y llegar tarde....
Para salir de mi casa ya camino como 30 cuadras de subida, de ahí cojo el bus ALFA hasta la Marín, pero ahora se queda atorado en el tráfico a mitad de camino. No nos queda más que bajar y empezar a correr. Todos corremos para alcanzar el siguiente bus en la Marín.
Llego cansado al trabajo, olvido todo lo que tengo planificado para el día, afecta a mi alimentación, porque ya no puedo desayunar en la casa, me toca comer acá, afecta mi descanso, pues ahora duermo menos horas.
Para mí, el servicio de transporte público es totalmente negativo. Nunca están en el horario que dicen, el trato es incómodo, no me dan el vuelto completo, no están preparados para atender al usuario.
La colisión de buses y autos inicia en Chaguarquingo y llega hasta la Marín. Mi petición sería que se liberen más las vías de acceso para poder caminar y para los buses, los autos particulares son los que generan el tráfico, deberían reducir su ingreso. No he visto ni una bicicleta, que es un lugar donde si deberíamos usarla o una motoneta para que las 60 ó 70 cuadras que debemos andar todos sean menos duras”.
|