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Editorial: “Valle de los Chillos: Apaga el motor, prende tu vida” Imprimir E-Mail
En enero de este año empezamos a realizar Ciclopaseos Zonales en algunos sectores y barrios del Distrito Metropolitano de Quito. Uno de ellos fue el Valle de los Chillos acogiendo la petición y el deseo de algunos moradores de incluir a la bicicleta como un medio de deporte y sana distracción en un espacio habilitado para ello.

Y cada barrio es distinto porque sus habitantes también son diferentes, unos más que otros tienen modos de relacionarse entre sí que responden a aspectos de índole cultural, económico, educativo y de percepción de la ciudadanía y del entorno urbano diversos. En este sentido, en 5 meses de arduo trabajo y conocimiento, aún incipiente, en el valle de los Chillos nos hemos dado cuenta que se unen dos mundos: uno que surge de comunidades “autóctonas” de moradores que han vivido por más de 50 años en parroquias como Alangasí, la Merced o Pintag y otro mundo que surge de familias enteras que han huido de la ciudad para vivir en un espacio más campestre, menos contaminado y más natural.

Sin embargo, en estos dos mundos encontrados y conviviendo en un mismo espacio, surge y se ve la falta de planificación y proyección urbana desde las primeras administraciones municipales. A esto se suma que allí co-existen dos municipios, dos entidades políticas y administrativas a veces separadas por un río o un puente pero que ni geográfica ni socialmente son claras sus delimitaciones y que a mi juicio son innecesarias. Pero así es mi país, más dividido que falda hawaina.  Y en medio de esta división, ha sido difícil establecer un proceso de trabajo que involucre y una a todos estos mundos. Y eso no se puede dar mientras no haya un espacio público que invite a salir, a verse, a re-encontrarse con los vecinos, con los amigos, con la señora de la tienda, el señor del periódico, el que llega en auto o el que coge el bus interparroquial. Son pocos los parques y plazas recuperadas, pocas las vías en buen estado y de desfogue vehicular y pocas las veredas donde un peatón pueda darse modos para movilizarse de un lugar a otro con seguridad, amabilidad y accesibilidad. En muchas calles ni siquiera hay veredas. ¿Qué se puede esperar en un urbe donde la gente no se encuentra?

Además la cultura de uso y abuso del automóvil está fuertemente instituida. Unos más que otros usan el auto para literalmente moverse una cuadra y comprar el pan y la leche. Y claro, ¿qué podría esperarse si no hay veredas que inviten a caminar o vías que permitan la circulación de bicicletas? También sí reina la ley del menor esfuerzo y la máxima comodidad. Así es la cultura del automóvil. Sin embargo, y pese a todo esto que podría sonar desalentador, hemos encontrado en el camino a personas convencidas que nos alientan, que todavía creen que sí se puede transformar el valle de los Chillos en lo que muchos de sus habitantes soñaron antaño: un espacio libre de contaminación, estrés, tráfico y ruido.

Y gracias a estas personas y por sus hijos y por los que vendrán, con más convicción creemos que es necesario un ciclopaseo lindo, convocante y dinámico, donde converjan estas miradas distintas del otro y del entorno, donde los niños, los mayores, los de a pie, puedan jugar, soñar y aprender.

Por ellos, nos reafirmamos más en que sí es necesario hacer todos los esfuerzos posibles y no desmayar para que la bicicleta sea un elemento de unión, de re-estructuración y reencuentro con el imaginario urbano de un barrio, su gente, sus calles o sus plazas.

Hemos pensado en varias rutas posibles. Una, la primera hacia Alangasí no resultó por la oposición de varias urbanizaciones al no poder salir en su auto durante 4 horas. Ahora hemos decidido cambiar la ruta hacia otro sector. Así que invitamos a grandes y chicos a sumarse a este nuevo espacio de convivencia e inclusión ciudadana. Será el próximo domingo 29 de junio en el sector de San José. Son 3 km de vías cerradas para grandes y chicos. Para quienes quieran pedalear más, partiremos desde este sector hacia la Cascada del Río Pita en un ecopaseo que promete estar fantástico con subidas y bajadas, con empedrados y caminos de lastre hasta una de las cascadas más espectaculares de los alrededores de Quito: la cascada del Río Pita.

 

Alexa Velasco

Presidenta

Biciacción

 
 
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