Por Alexa Velasco
La mayor parte de análisis que se han realizado sobre el Tratado de Libre Co¬mercio (TLC) con Estados Unidos han sido en torno a sus impactos en la agricultura, las medicinas o sus beneficios en el libre flujo de mercancías. Sin embargo, poco se ha di¬cho sobre sus efectos en la estructura de las ciudades y las relaciones económicas, socia¬les y culturales.
Por un lado se dice que la entrada sin aranceles de productos abarata¬rá sus costos y que los consumidores urba¬nos serán los más beneficiados. Igualmen¬te, afirman que la competitividad nacional mejorará. Sin em¬bargo, este tratado no solo es el libre flujo de mercancías entre ambos países, sino de servicios, salud, educación y otras áreas que no se suelen contemplar en los acuerdos comerciales. Chile, por ejemplo, no negoció sectores estratégicos en su tra¬tado con EE UU.
Para Fernando Terán, profesor de la U. An¬dina Simón Bolívar, el TLC afectará las polí¬ticas económicas, sociales y ambientales de los gobiernos locales. Así, si el Municipio de Quito decide emprender una obra vial con la reactivación de la economía local, por el TLC no podrá hacerlo, pues se prohíbe la contratación de empresas locales única¬mente. Tampoco podrá exigir a la empresa norteamericana normas sobre cantidad o condiciones de su actividad económica, o limitar el nivel de desechos en los ríos o de emisiones al aire si es que ésta considera que dicha norma afecta su ingreso. Igual¬mente, si la compañía juzga que el aumen¬to de un impuesto predial, una contratación pública o el diseño del parque industrial la perjudica, puede enjuiciar al Municipio por expropiación indirecta ya que sus expectati¬vas de ganancia se han visto afectadas.
Se¬gún el economista Alberto Acosta, en Méxi¬co antes del NAFTA, el desempleo era de 200 mil personas al año; después esta cifra se elevó a un millón 300 mil desempleados. A nivel urbano, la migración hacia las ciu¬dades puede aumentar considerablemente provocando invasiones, mayor demanda en servicios básicos, más delincuencia por el desempleo, etc.
Otro impacto adverso es la entrada masi¬va de vehículos usados, lo que afectaría el tráfico y la calidad del aire de Quito, entre otros. ¿Por qué no nos fortalecemos como nación, luego como región uniéndonos con países similares económica, geográfica y culturalmente? ¿Por qué tanta sumisión y falta de transparencia en las negociaciones? Solo queda recordar que nadie se nos mon¬tará si no doblamos la espalda y que nuestro primer nicho a defender son nuestras ciuda¬des, nuestros barrios, los sitios donde crea¬mos identidad y pertenencia.
Edición No. 26 • Mayo 2006
|