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El carnaval femenino Imprimir E-Mail
Por Brenda Pérez

Algunas personas dicen que los hombres son fuertes y que las mujeres son débiles. Otras, que los hombres son racionales y las mujeres emotivas. Incluso, se cree que los hombres son calculadores, mientras que las mujeres “funcionan” con un sexto sentido, el de la intuición. Ya no muchos se atreven a decir, pero piensan, que los hombres son activos e independientes y deben conquistar los espacios públicos, mientras que las mujeres, al ser pasivas y dependientes, deben quedarse en el hogar. Para estas personas, capacidades como el liderazgo y la administración son dominio absoluto de lo masculino.

En todo ello hay mucho de mito y mucho de realidad. Como la profecía que se confirma a sí misma, años, décadas y siglos de estas absurdas creencias han hecho que en muchos casos se cumplan. En respuesta, algunas feministas han clamado por la liberación femenina, la igualdad de género o por revertir las creencias y prácticas dominantes, y demostrar que los espacios, valores y capacidades tradicionalmente masculinos pueden ser también femeninos. Otras consideran que no se debe modificar la identidad femenina para convertirla en masculina, sino que se debe reivindicar lo femenino como positivo y valorar su rol en la sociedad.

Así como los carnavales, estas feministas buscan enaltecer lo oprimido a través del festejo de su identidad, razón por la cual denominan a su corriente “el carnaval femenino”. Su propuesta de transformación es entonces demostrar que algunos valores femeninos tradicionalmente interpretados por nuestras sociedades como negativos son y deben ser positivos.

Pensemos, por ejemplo, en los valores masculinos que priman en una ciudad y su transporte: racionalidad, agresividad, rapidez, riesgo. En resumen, el reino del más fuerte, el varonil automotor. La apuesta del carnaval femenino convertiría el transporte en una movilidad emotiva, alegre, parsimoniosa, sociable e inclusiva. Una movilidad donde los valores y hábitos de ellas, peatonas, ciclistas y usuarias del transporte público, se conviertan en el ideal de lo positivo para todos y todas.

*Miembro de Fundación Ciudad Humana
(Bogotá-Colombia)


Edición No. 24 • Marzo 2006
 
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