Por Alexandra Velasco
Uno de los requisitos indispensables para que los estudiantes secundarios del país puedan graduarse es aprobar un cierto número de horas de instrucción militar (premilitar), servicio comunitario o alguna otra actividad aprobada por el Ministerio de Educación y Cultura. Las opciones para servicio comunitario pueden ser variadas según el colegio, entre ellas, reforestación, alfabetización, defensa civil o educación para la salud.
Sin embargo, recientemente y con estupor nos enteramos que, al menos tres colegios privados de Quito, como parte de este servicio civil, ofrecen a sus estudiantes la opción de sacar la licencia de conducir a través del programa de Educación y Seguridad Vial con el club automovilístico ANETA. En uno de estos colegios, el 100% de los estudiantes escogió hacer su “servicio comunitario” a través de las clases de manejo y con una licencia de conducción al final del curso.
Se supone que el objetivo principal del servicio comunitario es inculcar en los jóvenes valores como responsabilidad, compromiso social, sentimiento de pertenencia y defensa del país, para hacer de ellos personas más solidarias y comprometidas con la sociedad. Por eso es inaudito que se ponga al mismo nivel de un programa de alfabetización o reforestación, la opción de aprender a manejar un automóvil. Los rectores de estos colegios y el Ministerio de Educación y Cultura deberían preguntarse si Ecuador necesita graduar más conductores de vehículos privados o jóvenes conscientes de las necesidades y problemáticas sociales del país.
Actualmente está en trámite un convenio entre el Ministerio de Educación y ANETA para incluir esta actividad en todos los colegios públicos y privados de Quito. De aprobarse dicho convenio, ANETA extendería su monopolio de cursos de conducción y trámite de licencias a los jóvenes secundarios de la capital. Es necesario que los estudiantes sepan sobre las leyes de tránsito, las contravenciones y las sanciones respectivas, pero esto no debe estar sujeto a que saquen una licencia de conducir como parte de su servicio a la comunidad.
¿No sería mejor incluir programas de servicio civil que apoyen la construcción de ciudades más humanas, menos contaminadas, más amables con los ciclistas, los peatones, las personas discapacitadas? ¿Por qué promover más automotores en las vías, más contaminación y congestión vehicular? Los colegios y escuelas de la capital deberían incluir en su pénsum de estudios cursos de ecología o educación ambiental, ya que eso sí necesita nuestro tan degradado medio ambiente.
Edición No. 24 • Marzo 2006
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