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Por Alexa Velasco
"De qué nos sirve tener inteligencia, si no aprendemos a usar la conciencia". Rubén Blades
A finales de enero, la Federación Nacional de Cooperativas de Transporte Público de Pasajeros (Fenacotip) decidió paralizar el servicio colectivo en rechazo al seguro obligatorio para cubrir accidentes de tránsito, así como también en protesta del proyecto de reformas a la Ley de Tránsito que aumenta las multas por infracciones y a la prohibición de ingresar en los terminales terrestres dentro de las ciudades. Es decir, se opusieron a normas básicas de protección a los usuarios, aun cuando una de las causas más frecuentes de muertos y heridos en el país se debe a accidentes del transporte público y en la mayoría de casos los choferes ‘profesionales’ se dan a la fuga.
Según la Dirección Nacional de Tránsito, en 2005, 1 145 ecuatorianos murieron en accidentes de tránsito y 7 336 quedaron heridos en los 11 625 accidentes ocurridos. Estas cifras son mayores si se suman las víctimas del Guayas, llevadas en otro registro.
Por su parte, los estudiantes secundarios de Quito desplegaron violentas manifestaciones, entre otras razones, por el anuncio del incremento de los pasajes y el incumplimiento de algunos choferes de cobrarles la mitad del valor. Según el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Central, cada bus urbano supera los USD 6 400 mensuales, lo cual hace que el anuncio de un incremento en los pasajes, sea inaceptable, más aún cuando la atención al pasajero deja mucho que desear.
A varios nos ha tocado ser atletas a la fuerza para bajarnos o subirnos al vuelo de las apuradas y poco amables unidades. Y, además, somos llevados como sardinas en los atestados buses que se detienen donde y cuando quieren, sin respetar paradas ni semáforos. Esto se suma a las negras e intoxicantes humaredas que dejan a su paso, lo que aumenta el malestar y la aversión hacia este sector.
Considerando que el transporte colectivo beneficia a todos los ciudadanos, no solo por prestar un servicio relativamente barato, sino por el mayor número de personas movilizadas en comparación con los vehículos particulares, (aprox. 80 personas en bus frente a 4 o 5 en un auto), los transportistas deberían garantizar una mejor atención, unidades menos contaminantes y más seguras. ¿No les parece que ya es hora de hacer algo para revertir la mala imagen que tienen y hasta obtener más usuarios que se beneficien de su servicio? No solo los pasajeros se lo agradeceríamos, sino toda la comunidad.
Edición No. 23 • Febrero 2006
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