|
Un rebaño multicolor bajo el cielo de Buenos Aires |
|
|
Por Ximena Ganchala
“Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar, barcos carboneros que jamás van a zarpar, sordo cementerio de las naves que, al morir, sueñan sin embargo que a la mar han de partir”. Buenos Aires es el tango, una postal en San Telmo, los mates a la tardecita, las cafeterías de la Avenida de Mayo. Pero si hay algo que remite como ninguna otra cosa a la ciudad porteña es su enorme Río de la Plata, y sentarse en el puerto sin poder resistirse a la nostalgia de las canciones. “Niebla del riachuelo, amarrado al recuerdo te sigo esperando, niebla del riachuelo, de ese amor para siempre me vas alejando”.
Puerto Madero es uno de los proyectos urbanos más importantes de la gran capital argentina, el mismo que permite que el Río de la Plata penetre en la ciudad. Aunque se trata de uno de los casos destacados de los últimos años en materia de reconversión urbana, no hay que obviar que es una zona privilegiada: grandes y costosos proyectos o edificios se levantan allí, lujosos hoteles y restaurantes, calles y plazas impecables, extensas zonas verdes para el descanso de los visitantes que no pueden sospechar el otro mundo que vive no muy lejos de allí. Y ahí, entre los lujosos muelles de Puerto Madero, se encuentra una singular exposición de arte público que ha recorrido importantes ciudades del mundo.
Se trata del Cow Parade, una exposición itinerante de vacas pintadas, que ha recorrido varias urbes de Europa y América Latina. Nada menos que 116 vacas de tamaño natural construidas en fibra de vidrio y entregadas a reconocidos artistas plásticos para que plasmen en ellas la influencia cultural de cada ciudad y su propia interpretación de la “vaca como objeto artístico”. En otras palabras, el mejor modo de cumplir con aquella premisa que a todos nos dieron alguna vez en primer grado: “composición: tema, la vaca”.
Desde una vaca alcancía, pasando por una muy coqueta con gafas y tomando el sol en la piscina, hasta la vaca chola, la vaca loca, la vaca de Troya, la vaca sagrada y una muy curiosa (una vaca atravesada en las mamparas de vidrio de la recepción del Hotel Hilton), estas esculturas han sido estratégicamente ubicadas a lo largo de Puerto Madero para hacernos olvidar por un instante la marginalidad de esa otra ciudad que es Buenos Aires.
Para terminar... a comer el inevitable choripan en un pequeño kiosco y luego rentar una bicicleta para llegar hasta la reserva ecológica que bordea el Río de la Plata. ¡Una delicia pedalear esos senderos y atravesar en cicla uno de los pocos pulmones que le quedan a esta mítica ciudad!
Más información:
www.cowparade.com
Triple DobleveEdición No. 27 - Junio 2006
|